Una dulce merienda con nombre de mujer
Merienda tradicional granadina

Dulce merienda con el sabor de siempre.

¿Qué granadino (y muchos no granadinos) no ha merendado alguna vez una Maritoñi con una Puleva de chocolate? Echamos una mirada atrás del recorrido de este producto icónico de Granada, con sus más de 70 años de historia. Una dulce merienda que nos trae muy agradables y deliciosos recuerdos.

El origen de esta «famosa granadina»

Os haré un breve resumen para poneros en antecedentes acerca de esta dulce merienda. Estamos con una guerra recién acabada, un país destrozado que intenta recomponerse, familias rotas y una necesidad imperiosa de llevar a casa algún sustento. Cada cual tenía sus particularidades pero, en resumen, eran años de hambre y necesidades. Años muy difíciles para los que una pandemia con confinamiento, como lo que hemos vivido, hubiese sido un paraíso. Raimundo Pérez Rodríguez era un niño más de los muchos que se vieron obligados a “buscarse la vida”. Trabajos como transportar carbón o llevar leña a casas de familias más acomodadas eran una solución, y Raimundo, como otros muchos niños de la época, se dedicaban a ello con el único propósito de colaborar modestamente en la economía doméstica.

Aun siendo trabajos dignos y necesarios, el objetivo de las familias era que el crío aprendiera un oficio; ¿cuál? ¡Eso daba igual! El único requisito era encontrar un negocio en el que aceptaran al “niño” (así se le llamaba en el  puesto de trabajo), para que, además de ganar un mínimo sueldo desarrollando tareas de ayuda, limpieza, recados, etc… aprendiera un oficio pasando, conforme progresara en su trabajo, a ser aprendiz, peón, oficial y de esa forma “labrarse” un futuro, llegando incluso a maestro o encargado.

Empresario con visión de futuro

Raimundo encontró ese trabajo en un obrador de confitería y, además de ser muy trabajador y espabilado, tuvo la gran suerte que el oficio que encontró correspondía a su vocación. Con apenas 25 años ya era maestro pastelero y con  el poco dinero que tenía ahorrado (13000 pesetas) y un crédito de 2000 pesetas, en 1950, al jubilarse el anterior propietario, se quedó con el traspaso del negocio.

Como buen maestro pastelero, además de atender la demanda del mercado, se preocupó por innovar e ir añadiendo productos nuevos (lo que ahora conocemos como I+D), algunos con mejor acogida que otros. Uno de esos productos, y ya estamos en 1955, fue la Maritoñi. Da la casualidad, que coincidiendo con el lanzamiento del producto, nació su hija mayor, María Antonia, que fue la que con su dio nombre al dulce.

Este exquisito producto estaba (y sigue estando) formado por dos tortas finas de bizcocho unidas por una crema y bañadas por encima de azúcar glasé. Aunque el bizcocho está buenísimo, el secreto está en la crema. No sé si tienen guardada la receta de la crema como si de la fórmula de la Coca-Cola se tratara, pero si no es así, deberían.

Dulce Merienda tradicional
Deliciosos recuerdos con este dulce típico granadino, la Maritoñi

 

El reciclaje ya se hacía

Curiosamente, para aprovechar envoltorios de otros productos que tenían en el obrador, las primeras Maritoñi que salieron al mercado iban envueltas en un papel con otro nombre (Gloria), aunque una vez agotadas las existencias de ese papel, ya se pusieron a la venta con su nombre.

Por cierto, visto el éxito comercial de las Maritoñi, la empresa fue cambiando de ubicación, desde el pequeño obrador inicial en la calle San Pedro Mártir (justo donde nació Ángel Ganivet), pasando por la calle Agustín Lara, a la actual en el Polígono tecnológico de Los Ogíjares, donde ocupan 3 naves en 4500 m² de parcela con una producción diaria de (y sí, lo he comprobado y no me equivoco) casi 20 mil Maritoñis, además de varios miles más de otros productos de pastelería, panadería y bollería, sin olvidar lo que fueron sus orígenes, la pastelería artesana.

Eso sí, los tiempos cambian y lo que hasta hace poco tiempo era normal, ahora es “insólito”. Ahora que priman etiquetas como “litgh”, “bajo en azúcar”, “0,0”, incluso “sin”, han llegado a un acuerdo con la Universidad de Granada para hacer productos más aptos para los nuevos tiempos y comercializarán, en una línea paralela, nuevos dulces. “Queremos mantener lo nuestro. Para otros dulces están otras empresas”, dice Raimundo Pérez (hijo del fundador).

Y que así sea, Don Raimundo, que aunque yo por edad no pueda tomarlas a diario, una Maritoñi y una Puleva de Chocolate, de vez en cuando, es la mejor merienda.

 

Sobre el autor

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Miguel Ángel Poveda
Miguel Ángel es curioso, le gusta viajar, pasear y disfrutar de los pequeños placeres de la vida.

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